
Lhanso un pensamiento...
Lhasa me simpatizaba bastante.
Llevo conmigo un video de ella en mi "gadget musical" y lo veo con frecuencia, pues me encanta. Me gusta su voz y su expresión, su libertad.
Tengo dos cantantes en español favoritas. Una es Lhasa. Aunque no sólo cantara en español.
Me gustan las grandes intérpretes, las imágenes honestas, las cantantes del alma. Lhasa una vez más.
En lo personal, me resultaba un poco misteriosa su existencia; me atraía el hecho que de su vida casi nada se sabía -como debería de ser-. La información existente era poca y necesaria, y por lo demás llegaba a mí de un modo puramente musical.
Imaginaba a la Lhasa real, aunque también me transportaba a los mundos creados y descritos por ella. Ella en sus canciones; sus ambientes. Empatías. Desconciertos.
Lamentablemente me entero que ha muerto; hecho que, a pesar de lejano, me conmueve e impone.
Nos deja su arte. Sus tres grandiosos discos. Queda registrada su gran voz y un espíritu maravilloso que se percibe desde la distancia, y se admira. Queda su influencia. Eso no cambiará.
Quedará seguramente el buen sabor de boca de escucharle próximamente en mi habitación, o en una carretera. Mientras tomo un café. O el particular bienestar que me ocasiona cantar La Celestina en una clase de canto, en el coche de mi madre, en la regadera, o nuevamente en mi habitación. Le seguiré escuchando con la misma frecuencia evidentemente. Y también me seguirá acompañando en mis momentos introspectivos, los serenos, y en los de tristezas y desamores.
Por supuesto queda la Lhasa de mi imaginación: Dulce, de fuertes emociones, sencilla, humilde y humana.
Su arte y su canto, trascendentes e imperecederos.
Pero ella que ya se nos fue.

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