martes, 29 de diciembre de 2009

cita

"The truly creative mind in any field is no more than this:

A human creature born abnormally, inhumanly sensitive.

To him... a touch is a blow,
a sound is a noise,
a misfortune is a tragedy,
a joy is an ecstasy,
a friend is a lover,
a lover is a god,
and failure is death.

Add to this cruelly delicate organism the overpowering necessity to create, create, create - - - so that without the creating of music or poetry or books or buildings or something of meaning, his very breath is cut off from him. He must create, must pour out creation. By some strange, unknown, inward urgency he is not really alive unless he is creating." -Pearl S. Buck

sábado, 14 de noviembre de 2009

miércoles, 3 de junio de 2009

Oda al Azar y a los arpegios

No era cuestión de enredarme entre libros buscando eso precisamente, pues no sabía lo que era; no sabía definir lo que buscaba. ¿Cómo encontrarlo si no tenía ni idea? ¡Ni idea!

Algo intuía que era necesario: verlo en una pauta; escrito y analizarlo abstractamente. Según yo, la ventaja de analizarlo de tal modo era que comprendiendo la esencia, el patrón común, se me haría entonces mucho más sencillo dominar esa forma en la práctica. Definitivamente una cosa es composición y otra es ejecución. De la ejecución se aprende y se puede trabajar el patrón hasta que también se domina y se hace demasiado evidente. Pero lo que yo estaba buscando era desde la perspectiva del compositor. Trabajar con la fórmula más abstracta. La que aporta una de las abstracciones esenciales que a mí siempre me han afectado más como individuo. Pero por algún motivo, también intuía que mi camino lo vería más claro si lo viera ejecutado con el sentimiento incluido, pero cuya simpleza iluminara mi camino. Es decir, una simple fórmula no me diría nada por sí sola, pues en primer lugar, no sabría identificarla de entre todas. No es que yo vea una partitura y pueda deducir cómo suena. Estaría bien tener esa habilidad, pero aún no soy tan habilidosa en ese aspecto y ni sé si algún día lo seré.

Lo más curioso fue cómo llegó a mí este golpe iluminador: por puro azar. Aunque un azar que combinó todo un conjunto de factores, de esos que curiosamente resultaron ser nada más y nada menos que los que primordialmente me afectan como persona. Los cambios, una cadena de eventos aleatorios que llevan a una consecuencia sorprendente, el por qué uno no debe censurarse, una armonía no puramente especializada, por ejemplo, sólo música; sino la conjunción de tiempo, época, estado emocional, espiritualidad. Como el simple hecho de últimamente escuchar a Jorge Drexler todos los días, sus excelentes letras y sentimiento general que mucho tienen de eso. Pero finalmente toda esa armonía presente hubo de llevarme casualmente a un lugar alternativo e impensable que me haría descubrir exactamente lo que estaba buscando musicalmente. Es decir, nutrió de forma importante mi identidad, mi pasión, mis objetivos particulares. Me llevó a identificar lo que busco musicalmente y a concretar mucho mejor mi camino (al menos el actual).

Cuando la gente me dice que me busque un estilo personal, que me defina como músico, a mi me suena a limitante en primera instancia. Tal vez a una limitante fatal. ¿Por qué habría yo de querer sonar igual todo el tiempo? ¿Por qué no querría yo cambiar de estilo en ningún momento? ¿Por qué habría de abandonar radicalmente mis maneras actuales de ejecución solo porque les falta pulirse, porque aún no se distinguen mucho de mis influencias, aunque expresivamente me sigan satisfaciendo?

Poniéndome más estricta, fácilmente me puedo zafar de aquél prejuicio inicial, encasillado dentro de la visión popular del término. Cuando me pregunto a mí misma en qué me importa el estilo, a mí me suena ahora a que me haga de una personalidad propia. Claro que no de una ajena e incoherente, sino de una brutalmente sincera y afín a mi ser cotidiano. Así se vuelve uno un músico con carácter, con la capacidad de hablar y también de defenderse. Bastante alejado queda este propósito de la añoranza de convertirse en un maniquí comercial y en una imitación vil. ¿Qué mejor arma para lograr tal objetivo que el propio autodescubrimiento? Un músico que se conoce a sí mismo; sus afecciones, cualidades, debilidades, modos de trabajar. Encontrar un estilo musical se convierte entonces en buscar la manera de transmitir el yo a través de la música; en aprender a mostrarte a ti mismo usando como lenguaje y vía de expresión a la música. En reconocer esos timbres, sonidos, estilos, formas musicales, armonías que destacan de entre lo demás por aportarnos, aunque no comprendamos totalmente el por qué, un impacto emocional significativo. Una razón suficiente para trabajar con ellas en particular, además de que será un descubrimiento personal muy gustoso y satisfactorio, pues a partir de la personalidad propia, gustos y sensibilidades particulares, uno se abre camino para explotar al máximo sus posibilidades creativas.

¿Y si tu personalidad posee el atributo de ser multifacético? Tiene su chiste capturar la esencia de toda una personalidad, pero en cuanto lidias con una, será probablemente más fácil pasar a la siguiente, y luego a la siguiente, y luego a la siguiente. Un símil absoluto con un buen actor teatral o cinematográfico.

No se exime uno de tener que tomar decisiones al respecto de qué camino tomar con respecto al vasto mundo de posibilidades que nos ofrece la música…y el arte en general. Tantos instrumentos, tantas posibilidades de ejecución, de composición, tanta potencialidad creativa por todas partes puede resultar un factor inhibidor demasiado excesivo y abrumador. Puede desviarnos hacia rutas que no nos llevarán a ningún lado, o que al menos complicarán o confundirán nuestras metas. Si aprendemos a identificar y a valorar los detalles que más nos importan y que nos vuelven únicos como individuos, tanto en materia musical como para la sensibilidad en general, entonces los objetivos artísticos se vuelven mucho más claros.

Así se puede decidir más sencillamente si fomentar el virtuosismo en un instrumento, o si mejor ser compositor, y qué tipo de compositor. O si se gusta trabajar en las tres materias, qué tanta dosis de cada una incluir. Si se gustaría ser multidisciplinario y conjuntar artes visuales con música, literatura y/o ciencia, hay que saber desdeñar no por ignorancia, sino por cuestión de practicidad y supervivencia propia, el conocimiento que no requerimos. Hay que aprender a reconocer qué es lo que se siente mejor.

En mi caso, fue el descubrir cuán esencial son para mí los arpegios, que por razones misteriosas provocan una intriga, vulnerabilidad e hipnotismo en mi persona que no puedo dejar de atender y disfrutar. Es una necesidad, una obsesión compulsiva musical que me nutre al instante, pues es una estructura que me atrapa sin pensarlo, me distrae desde el momento en que aparece en el espacio, ya sea en forma de banda sonora, o como protagonista, con voz de guitarra, violín, piano o sintetizador. No hay excepción. No importa si sea muy simple o muy compleja. Son parte de mi personalidad innata. Tal vez creceré y algún día no me importarán tanto, pero no lo puedo saber, ni me interesa de momento. Estoy fascinada. Apantallada. Me costó darme cuenta; algunos lo dan por hecho desde un principio, así que les confieso mi admiración. Aunque lo que me da orgullo, fue todo el contexto envidiable, único e irrepetible en el que se desenvolvió mi descubrimiento. Como una buena historia cinematográfica.

Fue ayer. Ayer mi mente estaba en donde tenía que estar, al igual que mi corazón. También la aleatoriedad cibernética que ejerzo inconscientemente con mucha frecuencia. Mis propias debilidades me llevaron a John Frusciante, luego a aquélla pintura de Alfred Gockel, que me llevó a buscar un poco más y llegó al lugar innombrable en el que un piano comenzó a sonar; de simpleza absoluta, pero con el sentimiento y lo suficientemente ilustrativo de la figura que siempre estuve buscando. Inmediatamente identificado. Me costó trabajo averiguar la proveniencia y el nombre de la pieza, pero lo logré. Enloquecí. Encontré la partitura que en algún momento imaginé que me guiaría por siempre. La encontré en medio de mis obsesiones, pero esta vez al exterior de mi mente, palpable y real, en un momento impredecible, de armonía y revelación absoluta. Y con mucha suerte.

martes, 14 de abril de 2009

lunes, 6 de abril de 2009

It's Blitz! (Yeah Yeah Yeahs)

Con mucha felicidad doy mis hurras a Karen O, Brian Chase y Nick Zinner, miembros de la banda Yeah Yeah Yeahs. Su pasado álbum, "Show Your Bones" no me pareció que aportara demasiada novedad y depués de eso participaron en el Soundtrack de Spiderman 3, cosa que me dio mala espina, pues podía empezarse a comprometer su estilo oscuro y distorsionado en pos de uno más digerible. Pero ahora descubro en It's Blitz (su tercer álbum) un disco valioso.
Lo primero que noto es una evidente incorporación del sonido electrónico. Baterías electrónicas, paisajes de guitarra y efectos por el estilo. Un sonido 100% 2009. Mucho ambiente atmosférico; en ocasiones, una tranquilidad que difícilmente se puede comparar con los Yeah Yeah Yeahs de años atrás. Podría incluso parecer una banda diferente, salvo por un elemento significativo y definitorio, que afortunadamente permance presente: la voz de Karen O. Gritona, aunque a la vez dulce y melodiosa. Esto en conjunto con sus letras aleatorias y desordenadas.
En esta ocasión, los Yeah Yeah Yeahs se dedicaron a explorar nuevos sonidos, se adentraron en nuevas posibilidades creativas y a pesar de eso no abandonaron esa esencia estridente y poderosa que siempre los ha caracterizado. Los guitarrazos, los ritmos y los gritos siguen ahí. Resulta interesante notar que dentro de esta misma obra también reunieron tanta tranquilidad y susurros. Que estos elementos tan diferenciados suenen tan acoplados y placenteros.
De modo que It's Blitz es un álbum ampliamente recomendable. Hay una evolución en la banda, en su sonido. Suenan diferente. Son creativos. Son imponentes. Siguen siendo rebeldes y atrevidos. No suenan igual, y se les agradece.

jueves, 19 de marzo de 2009

Entre músicos, productores y diseñadores de sonido

Llegados a este punto de la historia, es muy fácil hacer música, y el oficio que antes estaba reservado sólo a conocedores ahora puede resultar un ejercicio cotidiano y hasta sin chiste para muchos, dado el fácil acceso a diversos recursos: vas a tu puesto pirata favorito, compras un software, inviertes un poco de tiempo en aprender a usarlo,… y listo. Cualquiera puede decir que hace y produce música. A decir verdad, una actitud eminentemente egocéntrica y falta de seriedad. Queda claro que me refiero al caso más extremo en cuanto a creación musical.
En la delgada línea que separa a los diferentes tipos de creadores musicales que encontramos en la actualidad, “los profesionales”, están en primer término los músicos propiamente dichos (ejecutantes, compositores, arreglistas), los productores e ingenieros de sonido (las personas que consolidan la obra en términos conceptuales y en la parte técnica -como son la mezcla, el conocimiento profundo de las herramientas de grabación o procesamiento del audio- y en aspectos de calidad de sonido), y los diseñadores de sonido (computación, programación, rigor científico).
Hasta hace no mucho tiempo, el músico era El Creador Musical por excelencia, así, con mayúsculas. Lógico: músico hace música. Pero la producción es lo de hoy, dicen por ahí. Y en verdad que es grato tener una grabación con sonido agradable, coherencia y audio de calidad que aporte profesionalismo a la obra. Algo relativamente sencillo si se piensa en que las herramientas de producción, por ejemplo, están a la mano. Lo cierto es que la producción demanda a su vez una buena dosis de dedicación. He aquí el dilema: hay quienes prefieren ser más músicos que productores, otros escogen un término medio y otros más se declaran decididamente productores.
Pero vaya, está bien especializarse como productor, aunque eso no implica relegar la cuestión musical, fundamental en todo caso. Son aspectos que van de la mano. Y lamentablemente muchos productores no lo asumen así. En especial sucede en el caso de la música electrónica: es fácil programar unos bombos y unos platillos sincopados, jugar sobre eso y conseguir una rola. Sin necesidad de tener un agudo oído musical, muchos de los productores actuales de música electrónica pueden conseguir ocho, diez minutos, una hora, de un sonido monótono, sin cambios ingeniosos, lo que manifiesta sobre todo una falta de creatividad absoluta y la simple imitación de música ya existente, pero que posee la “ventaja” de tener una calidad muy limpia de audio y que por ese solo hecho suele ser aceptada como música profesional. Tremendo error. Ése es el origen de tanta música electrónica tan mal hecha: desalmada. Creada fácil y rápido, reflejo del bit flojo y conformista de productores y escuchas, que no necesita de músicos experimentados, capaces o talentosos ni de mucho presupuesto ni trabajo y aun así consigue popularidad y el “bono” de infiltrarse en los medios con categoría artística. Alimento suficiente para el ego, por cierto. Ahí está el grueso de la producción de música electrónica que podemos escuchar en la radio especializada y que reproduce al hartazgo una fórmula melódica que por muy prendedora que pudiera parecer carece en el fondo de la más mínima calidad musical, no digamos de contenido.
Pareciera que entre este tipo de productores de música electrónica prevaleciera cierta necesidad de pertenecer a una sociedad cosmopolita, y que incapaces de comunicarse en ese ámbito por medio de la creatividad prefirieran diluirse en el anonimato de un sonido manufacturado para mover infaliblemente a la gente a un ritmo monótono pero carente de expresividad emocional. Pero la posibilidad de adentrarse y explorar el sonido no es tan lejana ni siquiera para ellos, pues paradójicamente en saber construir y manipular los sonidos radica la libertad creativa en el campo de la música electrónica actual. Por eso me parece que esta ciencia del sonido puede dotar a un productor de música electrónica de más creatividad y mayor identidad, lo que en combinación con las habilidades ingenieriles del creador musical contemporáneo daría como resultado una obra de mucho carácter y pasión. Tal especialidad en el sonido podría no requerir de teoría musical muy compleja ni de un oído muy entrenado, ya que primordialmente las texturas, los sonidos únicos y una composición musical muy básica darían carácter a la obra. Una paradoja: esta orientación a la creación musical no supone que uno sea músico o compositor profesional.
La elección sería entre ser más espontáneo, más “profesional” o más nerd, o una combinación de estas posibilidades. Pero es un hecho que los tiempos han cambiado y que no sólo los músicos hacen música. Aunque también es cierto que la formación musical dota a la obra de calidad humana y emocional, de alma, puesto que su punto de partida es el placer musical. Así, entre músicos, productores y diseñadores de sonido, los primeros destacan como los verdaderos magos de la música. Hay algo lógico ahí ¿no?

miércoles, 11 de marzo de 2009

En la mira: el trabajo editorial y la disciplina musical mexicanos

Me encuentro recopilando información y viéndome inmersa, interesada en el quehacer editorial orientado a la música. Por otro lado, me veo fuertemente determinada a expresar mis críticas referentes a la disciplina y creación musical de calidad en México.
Como introducción, les cuento que ocupé parte de este día en agregar enlaces pertinentes a mis temáticas recurrentes (comenzando por ésta). Son las que están en el costado izquierdo de la página. Música y Audio está conformado por mis vínculos favoritos referentes a ambos tópicos, incluidas las páginas de las marcas musicales que yo empleo para mis creaciones, también sitios como Tweakheadz Lab o la Virtual Drummer School, orientados a la producción musical por ordenador y a la ejecución de la batería, respectivamente. Ambas las recomiendo mucho, pues están muy bien documentadas, actualizadas y son indudablemente de calidad.
Difusión y Organizaciones Mexicanas planeo que reúna enlaces a revistas, colectivos o empresas que radiquen en México y que pertenezcan, promocionen, o ayuden a la comunidad musical, conformada por músicos, DJs, ingenieros de sonido, productores, etc.
Me interesa darles difusión y aportar mi minúsculo granito de arena periodístico a estas organizaciones, pues forman evidentemente parte de la comunidad musical en la que yo me comienzo a desenvolver. Aunque por supuesto pienso no sólo poner un vínculo y ya, sino también criticarlos en su momento (que quede claro, esto no será con el objetivo de hablar pestes y odiar al mundo).
Ahora, regresando al tema inicial, mi interés es analizar más a fondo la calidad de la música mexicana, qué tanto de imagen, de mitificación y de publicidad influyen en el cómo la gente percibe al "artista" en cuestión, en qué se fijan las diferentes publicaciones nacionales a la hora de escribir sus artículos, cómo difieren unas de las otras, cómo se complementan, cuáles son sus pros y sus contras y también, por otro lado, desligar la música del mundo comercial para reencontrarme con aquéllos músicos virtuosos o proyectos creativos interesantes, que a pesar de serlo, no llegan a mencionarse en las revistas. Aquéllos a los que alguna gente gusta referir como a los "artistas pobres", pero que, como sabemos, generalmente suelen ser de lo más fascinante y honesto del mundo musical contemporáneo.
El problema de siempre. El problema de un músico y de un artista en general. Siempre tu familia se preocupará por tu porvenir económico si decides dedicarte al arte. Y también te lo recordará mucha gente del exterior.
Aquí es donde yo opino al respecto. Según he observado, los artistas pueden ser la gente más floja del planeta, es decir, se conforman con haber terminado una obra creativa y ya con eso pretenden que se les realice su vida. Muchos carecen de esa disciplina que es necesaria no sólo en el arte, sino en toda actividad que requiera seriedad.
Aunque es cierto que ese no es el único caso. De hecho están los que sí son muy disciplinados pero que aún así no ganan lo suficiente. En parte porque nuestro México no tiene ojos para el arte, sino para el arremede barato de la cultura estadounidense, la ignorancia y el mínimo ejercicio intelectual por parte de las masas. Acerca de este punto en particular es donde me intrigan los contenidos editoriales que poco a poco iré analizando y la mentalidad que existe en el medio, pues por alguna razón creo que eso me dará alguna pista para comprender un poco mejor la situación musical del barrio mexicano.
También pienso que algo que sucede demasiado es que los artistas se suelen dar por vencidos en la lucha para continuar su quehacer artístico de la manera más plena posible; algunos se portan demasiado pesimistas y totalmente intolerantes a otros modos de pensar en vez de ser más dinámicos y creativos en cuestión de relaciones sociales. Opino que esa actitud no ayudará en lo absoluto a resolver un problema en el que ya de por sí es muy difícil desenvolverse.

martes, 10 de marzo de 2009

David Lynch

Hubo una vez, cuando yo tenía 18 años (tal vez 17), que mi mamá decidió comprar Mullholland Dr. La vimos. El efecto de la película empezó a repercutir en mí desde la escena con Rebekah del Río y su canción "Llorando". Me parecía de las canciones en español más intensas que jamás había escuchado. Me conmovió y acto seguido me confundió. Es La Escena, el clímax y el momento de cambio total.
Terminada la película mi mamá parecía algo indignada. Definitivamente no es una historia que calme la ansiedad, ni que provea al espectador de paz mental. Y dado que no había yo visto nunca semejante estructura de historia, en conjunto con emociones tan versátiles, me obsesioné. Me propuse a descubrir la verdad y a resolver el acertijo, pues de otra forma yo no quedaría satisfecha. Me volví fan de Lynch al instante (el director). Sin duda uno de los seres más creativos del planeta, muy inteligente, con mucha noción de las emociones, absolutamente único, y sí, inmerso en su propio viaje personal. Un viajezote y una fumadez grandotas, que se explayan no sólo en el mundo cinematográfico o el televisivo, sino también en el ciberespacio. Su página oficial es de paga; en algún momento tendré que entrar, pues es más que un rumor que tienes acceso a mucho material inédito y a más locuras creativas. Irresistible tentación para los seguidores de Lynch.
No he visto todas sus películas, pero hasta ahora mis favoritas son Mullholland Dr., Inland Empire y Lost Highway. La serie de Twin Peaks es también una joya, aunque ya avanzada la segunda temporada, no puedo evitar decirlo, me parece que chafea un poco. También la miniserie de Rabbits me parece genial. Aquí abajo suelto el link, que me pasó mi primo también LynchFan, del primer capítulo (ahí encuentren ustedes los consecutivos). Poseo también unos cortometrajes suyos, que combinan escultura, animación, actuación, sentido del humor y piel de gallina. Los recomiendo ampliamente.
Bueno, esta ha sido una introducción al por qué probablemente frecuentemente le daré seguimiento, difusión y críticas a las obras artísticas geniales de David Lynch. No pondré toda a información que encuentre de él, evidentemente (para eso me tomé la molestia de agregar el vínculo a la wikipedia), sino más bien, mi visión personal.
Dejo los links prometidos...

Sitio Oficial: http://www.davidlynch.com/
Wikipedia: http://es.wikipedia.org/wiki/David_Lynch
Buena fuente de información para fanáticos: http://www.davidlynch.es/
Para los obsesionados con Mullholland Dr. http://www.mulholland-drive.net/
Para ver Rabbits: http://www.youtube.com/watch?v=_qWIlgemp9k&feature=channel_page

lunes, 9 de marzo de 2009

Mañana del 9 de Marzo

Me encierro en mi cuarto y lo único que sé es escribir.
De camino a mi destino laboral, si mi suerte es ir sentada en el metrobús, saco mi libreta amarilla, o la azul y escribo.
Hay gente que roba celulares, iPods, Palms y demás gadgets futuristas. También carteras, efectivo y tarjetas de crédito. Pero ¿les interesará una libreta? Admito que una ingenua observación como esta me hace sentir más segura cuando me muevo por esta ciudad. En mi caso particular, si no hay música, entonces escribo. Y ya que portar reproductores de mp3 mientras viajas como todo un civil usando servicios públicos no es la mejor idea, entonces casi inconscientemente opto por llevar sólo mi libreta y una pluma. Critico, desahogo mis penas y reflexiones personales. Cuando estoy de buenas y de malas. Siempre sirve. Siempre me calma. Siempre me da seguridad. Siempre me da más comprensión. Es una directa vía de expresión, la más natural.

No importa si esté distraída, absolutamente dispersa o qué sé yo. Escribir me abraza. Todo esto viene al caso porque así estoy hoy. Distraída, soñadora, pasiva, solitaria. Encerrada en mi cuarto hoy lunes por la mañana. Esa soy yo en la cotidianeidad. No sé a dónde voy a parar. Tengo pistas que me hacen suponer. Me gusta cantar, me gusta la música. Me gusta la ciudad y la vida nocturna. Soy orgullosa aunque de corazón muy vulnerable. A veces hablo demasiado. He hecho muchas estupideces, pero también se me presentan mis momentos de triunfo y destellos de felicidad plena.

De momento me siento algo abandonada y aturdida, me siento perdida en el tiempo, pues aún sigo siendo demasiado infantil y demasiado preparatoriana. Sin embargo hay presión por parte de la familia, de la sociedad y de los amores. Es un golpe tremendo. Me sugiero a mí misma que ya me deje de babosadas y que cese de poner excusas de estar perdida en el tiempo. Soy una chica como muchas otras, que tiene varios problemas existenciales y aún no aprende a lidiar con ellos. Eso es todo.
Y para añadir algo un poco absurdo, parte de mí siente que yo debería tener nacionalidad inlgesa. Parte de mí siente que yo debería ser matemática. Parte de mí siente que no es bueno enamorarse tanto, pues puedes perder el control de tí mismo...

Una cosa es segura en este y los próximos escritos. De lo que jamás dejaré de estar enamorada es de las historias, ya sean cuentos, novelas, películas o series con contundencia emocional, de la creatividad y el arte, con una mención honorífica más que destacada para la música, las mujeres cantantes, el violín, la batería y la experimentación con sonidos. ¡Ah sí! Y los idiomas.

Hay algo de locura en mi personalidad, pero tengo una ligera pizca de razonamiento latente que me dice que escriba, que me remita de algún modo a mi pasado observador y lo combine con mi presente ajetreado. Esa es una de las pistas más sólidas que mi intuición me puede proveer y he decidido hacerle caso. Realidad, ficción, algo de ñoñería. Bastante de pasiones. Pero advierto: No soy una profesional en ninguna de las materias. Claro que por algo se empieza.