Me encierro en mi cuarto y lo único que sé es escribir.
De camino a mi destino laboral, si mi suerte es ir sentada en el metrobús, saco mi libreta amarilla, o la azul y escribo.
Hay gente que roba celulares, iPods, Palms y demás gadgets futuristas. También carteras, efectivo y tarjetas de crédito. Pero ¿les interesará una libreta? Admito que una ingenua observación como esta me hace sentir más segura cuando me muevo por esta ciudad. En mi caso particular, si no hay música, entonces escribo. Y ya que portar reproductores de mp3 mientras viajas como todo un civil usando servicios públicos no es la mejor idea, entonces casi inconscientemente opto por llevar sólo mi libreta y una pluma. Critico, desahogo mis penas y reflexiones personales. Cuando estoy de buenas y de malas. Siempre sirve. Siempre me calma. Siempre me da seguridad. Siempre me da más comprensión. Es una directa vía de expresión, la más natural.
No importa si esté distraída, absolutamente dispersa o qué sé yo. Escribir me abraza. Todo esto viene al caso porque así estoy hoy. Distraída, soñadora, pasiva, solitaria. Encerrada en mi cuarto hoy lunes por la mañana. Esa soy yo en la cotidianeidad. No sé a dónde voy a parar. Tengo pistas que me hacen suponer. Me gusta cantar, me gusta la música. Me gusta la ciudad y la vida nocturna. Soy orgullosa aunque de corazón muy vulnerable. A veces hablo demasiado. He hecho muchas estupideces, pero también se me presentan mis momentos de triunfo y destellos de felicidad plena.
De momento me siento algo abandonada y aturdida, me siento perdida en el tiempo, pues aún sigo siendo demasiado infantil y demasiado preparatoriana. Sin embargo hay presión por parte de la familia, de la sociedad y de los amores. Es un golpe tremendo. Me sugiero a mí misma que ya me deje de babosadas y que cese de poner excusas de estar perdida en el tiempo. Soy una chica como muchas otras, que tiene varios problemas existenciales y aún no aprende a lidiar con ellos. Eso es todo.
Y para añadir algo un poco absurdo, parte de mí siente que yo debería tener nacionalidad inlgesa. Parte de mí siente que yo debería ser matemática. Parte de mí siente que no es bueno enamorarse tanto, pues puedes perder el control de tí mismo...
Una cosa es segura en este y los próximos escritos. De lo que jamás dejaré de estar enamorada es de las historias, ya sean cuentos, novelas, películas o series con contundencia emocional, de la creatividad y el arte, con una mención honorífica más que destacada para la música, las mujeres cantantes, el violín, la batería y la experimentación con sonidos. ¡Ah sí! Y los idiomas.
Hay algo de locura en mi personalidad, pero tengo una ligera pizca de razonamiento latente que me dice que escriba, que me remita de algún modo a mi pasado observador y lo combine con mi presente ajetreado. Esa es una de las pistas más sólidas que mi intuición me puede proveer y he decidido hacerle caso. Realidad, ficción, algo de ñoñería. Bastante de pasiones. Pero advierto: No soy una profesional en ninguna de las materias. Claro que por algo se empieza.
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Hace 1 semana

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